El cansancio y la tristeza se colgaban de sus manos, las mantenía inmóviles sobre su falda, sus dedos eran anchos y bastante más grandes de lo que correspondían a su corta estatura, era muy triste mirarlas ahora inmóviles y aletargadas. No derrocharon cariño, la eficiencia, ganó la carrera.
El cansancio y la tristeza las tenían cautivas, parecían formadas con un mármol viejo y cacarizo lleno de manchas formadas por el paso del tiempo, reposando sobre ese suéter que nunca terminó.
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