Soy yo, la que se dice indujo a Eva que comiera «La manzana» ¡Mentira y más que mentira!; dejen que les cuente como pasó: Estaba yo en el Paraíso, yo también vivía en el Paraíso y disfrutaba del «Dulce far niente», contemplando la vida que circulaba a mí alrededor, sin casi moverme de mi lugar. Un día comí una rica fruta caída del árbol; es más cómodo comer lo que está ya en el suelo. Al dar la segunda mordida me di cuenta de que algo me estaba mirando; un ser extraño. Se acercó y dijo:
— ¿Qué comes que se ve tan sabroso? —Preguntó la mujer.
—Si. La Eva.
—Un Mango de Manila — ¡La fruta que más me gusta! —le respondí.
¡Era una delicia! Un mango de Manila amarillo, maduro, dulce y muy jugoso, se me hace agua la boca nada más de recordarlo. Y no, la manzana insípida y sin chiste que siempre cuentan.
— ¿Me das uno? —preguntó Eva.
—Ay mira, no sé. Parece que no se debe de comer sino con permiso del Señor. Además, si lo haces vas a conocer El Bien y El Mal como solo Dios lo sabe.
— ¡Dios me deja hacer lo que me dé la gana! ¡Apártate! Adán y yo somos los dueños de este lugar, EL nos lo dijo. Así es que, ¡Quítate! Y diciendo esto, se abalanzó, y con su prisa, la mujer ésta, casi me pisa. Agarró el más grande mango que estuvo a la mano y se lo empezó a comer con todo y cáscara, chupándole toda la pulpa. El jugo se le escurrió por la barba, le siguió por los pechos, hasta llegarle al estómago. En eso llegó Adán, su compañero, se parecían entre sí pero diferentes. Viendo que la mujer deleitándose con algo que nunca había probado, la miró, y le dijo:
— ¡Oye, El Señor dijo que éramos iguales!, ¿porqué, no me invitas de lo que comes?
— ¡Agárralo tú! a mí nadie me lo dio — le respondió Eva.
Entonces Adán, agarró un mango y lo empezó a chupar con más avidez que ella. Al mirarse mutuamente sucios y desnudos, corrieron a esconderse. Y llegó El Señor.
—Adán, ¿Dónde estás? ¿Por qué han comido del fruto del bien y del mal?
— La serpiente me engaño, y me hizo probarla— dijo Eva.
— Por haber hecho esto, serás maldita entre todos los animales y bestias del campo.
Y siguió diciendo a la serpiente:
—Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida, pondré enemistad entre tú y la mujer, entre su descendencia y la tuya; ella te herirá la cabeza pero tú solo herirás su talón.
—Y tú, mujer, multiplicaré los dolores en tu embarazo, darás a luz con dolor, desearás a tu marido y él te dominará.
Luego le dijo al hombre:
—Por haber hecho caso a la mujer y comido del árbol prohibido, maldita sea la tierra por tu culpa, con fatiga comerás sus frutos, con el sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque polvo eres y en polvo te convertirás.
Como ven, todos salimos castigados, pero a Eva no le ha ido nada mal. Los hijos los tiene con bloqueo, ¿Cuál dolor? Y eso que el hombre la domine…está por verse. Pero ahora, ella también tiene que trabajar.
Adán, ese sí está fregado; está sujeto a Eva, y aparte también trabaja.
¿Yo?…. A mí me siguen pisando la cabeza todas las Vírgenes del mundo. Me arrastro sobre mi panza y trago toda la tierra que los demás levantan.
Y pensar… que mi único pecado, fue el que me gustaran los mangos.
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